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martes, 3 de noviembre de 2009

Diecinueve años después

1990: el mundo asiste expectante a unos cambios que marcarán el devenir de la historia. En febrero comienzan las obras de derribo del muro de Berlín que culminan a finales de ese mismo año con la unión de la RFA y la RDA. Todavía en febrero, pero muy lejos de allí, en Sudáfrica, Nelson Mandela es liberado tras 27 años de encarcelamiento. En marzo, y en pleno desmembramiento de la URSS, Gorbachov es elegido como el primer presidente ejecutivo de la Unión Soviética. En agosto, Irak invade Kuwait en lo que supondrá el inicio de la Guerra del Golfo unos meses más tarde.

Ese mismo año, que ahora nos parece tan lejano, el Obradoiro se enfrentaba al Juver Murcia en la fase de ascenso a la máxima categoría del baloncesto español. Aunque el vencedor de la eliminatoria fue el equipo murciano, los representantes del Obradoiro demostraron que el Juver había alineado indebidamente a Esteban Pérez Beltrán (o Pérez Spatazza, como se apellidaba en realidad). Las alegaciones del Obradoiro fueron desestimadas y obligaron a acudir a la Justicia ordinaria, lo que dejó al club en tierra de nadie y en trance de desaparición. Ni la ACB nos quería en su liga, ni la FEB nos aceptaba en la suya, lo que hundió al club en el año 92.

Dos ‘locos’, José Ramón Mato y José Ángel Docobo, recogieron al Obradoiro, que estaba a punto de ser entregado a la Federación Gallega de Baloncesto para su disolución. Fueron 19 años en los que, cual Asterix y Obelix, un pequeño grupo de irreductibles galegos se enfrentaron a todo un imperio, al imperio FEB. Imagino que fueron años muy duros, ninguneados por la Federación, conscientes de la injusticia que se estaba cometiendo y sin el apoyo más necesario, el de tu propia ciudad que te toma por loco y se burla en tu cara.

Diecinueve años después de aquel playoff, el sábado pasado, alrededor de 5.000 espectadores disfrutaron de una jornada de baloncesto épica en Santiago. El Obradoiro consiguió su primera victoria en ACB, y no de cualquier manera. Un último cuarto imposible, que quedará grabado en las memorias de los aficionados santiagueses, sentenció un partido ya bien encarrilado. Tras el alley-oop de Pasalic, Sar se rindió a unos jugadores en estado de gracia; cuatro jugadas consecutivas de 3 puntos pusieron en pie a una afición que no terminaba de creerse lo que estaba viviendo. Francamente indescriptible; os juro que si no hubiese estado allí no sería capaz de imaginármelo tal y como sucedió. Impresionantes Vasileiadis, Stanic, Jackson y Terry. Mención especial para Alfonso Sánchez: su defensa sobre el MVP Fitch, simplemente ESPECTACULAR. Y esto no ha hecho más que empezar, que se vayan preparando nuestros futuros nietos, me da que se van a aburrir de escuchar historietas del Obradoiro.

Lo del sábado fue mucho más que una mera victoria en un partido de baloncesto: fue el triunfo de la perseverancia, la humildad, la lucha y el trabajo bien hecho. Es muy fácil apuntarse ahora a los éxitos y dejarse ver por el palco con una sonrisa de oreja a oreja, tan solo espero que lo vivido el sábado en Sar con una aficción entregada con el equipo sirva de recompensa para todos aquellos que durante estos 20 años han luchado desinteresadamente por el Obradoiro.

Gracias, Docobo y compañía, por dejarnos soñar este sueño que probablemente ni siquiera nos merecemos.